A mi querido tío Alberto de Icaza.

Corre el año de 1913. En la Capitalhace frío, estamos en plena Revolución pero de todos modos ayer hubo corrida en “El Toreo”. Un cilindrero le da vuelta a la manivela para dejar escapar toda la nostalgia del siglo anterior, mientras toca “La Pajarera”. Alberto París con su característico sombrero de ala ancha y cubierto con un elegante abrigo color tabaco oscuro, se apea de un tranvía de mulillas y se dirige rumbo a un conocido café del centro de la capital. Empuja la puerta de cristal biselado y de inmediato siente el calor de la animada concurrencia que fuma, come y bebe entre parloteos, risas y ademanes que se mezclan con los ruidos de vajillas y cubiertos. Ahí se encuentra con un par de amigos con los que se reúne todos los lunes por la tarde, para conversar de los temas que más conmueven a la ciudad, como los constantes enfrentamientos de los distintos bandos revolucionarios y por supuesto, el tópico taurino sale a relucir.

-¡Qué tal Alberto!. Saludó desde la mesa el otro Alberto, “El Chaparro”, con su característico y discreto ademán, su entrañable sonrisa y  con la franqueza de sus ojos. 

-Qué tal tocayo cómo estás, ¿ya supiste de la muerte de don José Guadalupe Posada?. Respondió Alberto París, quien jalando la silla disparó a mansalva el tétrico comentario.

- No me digas, ¡qué desgracia!, pero cómo es posible, ¿cuándo fue esto?

-El 21 de enero, pero lo que es increíble es que hasta estas fechas nos enteremos, mira la nota en el periódico, dice que su muerte prácticamente pasó casi inadvertida.

- Yo tengo algunos grabados taurinos de él.

- ¿Como cuáles tu?.

El de “Vida Arriesgada de los Picadores”, “Desde La Barrera”, el retrato de Ponciano Díaz , don “Chepito” toreador y muchos otros. Siempre me gustó su estilo popular y su trazo firme. Que lástima, ya no habrá quién dibuje de toros, con lo que me gusta coleccionar las estampas taurinas.

Efraín, quien había permanecido callado y que solo con un ademán había contestado el saludo del amigo que recién llegaba, plegó el periódico que estaba leyendo, les mostró la página taurina de “El Dictamen” y comentó:

- No te creas “Chaparro”, ya salió en Veracruz un dibujante moderno que vale la pena coleccionar, se llama Carlos Neve, es de Jalapa y dibuja con un estilo muy personal las escenas de toros.

Los dos Albertos pudieron admirar los apuntes de Carlos Neve  en los que se apreciaba a Juan Belmonte toreando en México.

En aquellos años  no  se usaba el  recurso de la fotografía para ilustrar las hazañas taurinas. Algunos años pasaron y los tres jóvenes amigos se dieron a la tarea de coleccionar todo tipo de ilustraciones taurinas, quizá motivados por la afición a las corridas de toros, en los tiempos en que la Fiesta Brava era tema fundamental de la vida política y cultural de México y  también movidos por el aprecio a la pintura que los tres cultivaban.

De 1914 a 1918 sucede la Primera Guerra Mundial, suceso trágico de la humanidad y en 1917 estalla la Revolución Rusa. Pero el pueblo de  México tiene aún por resolver el compromiso histórico de su propia Revolución.

Para el año de 1922, en la Escuela Nacional Preparatoria, dirigida por Vicente Lombardo Toledano, los dos Albertos y Efraín , se dan cita para admirar los frescos de uno de los pintores mexicanos más trascendentes de las Artes Plásticas en el mundo, Diego Rivera, quien no obstante haber pintado magistralmente en 1909 un óleo titulado “El Picador”, ahora hace declaraciones desdeñosas sobre  el arte taurino y lo ataca comenzando entonces una separación de los grupos que manejan la cultura en las cúpulas de poder, con todo tipo de obra  que tenga que ver con la tauromaquia. Mientras tanto don Rafael Solana “Verduguillo”, edita “El Universal Taurino”, y en las portadas aparece la obra de Manuel Torres “Manolín”, un acuarelista de San Luis Potosí, quien imprime a su trabajo un estilo muy personal aunque muy elaborado y de  factura  naturalista y con sello propio.

A principios de los treintas, surge la figura de otro veracruzano, Ernesto García Cabral popularmente conocido como “El Chango”, todo un personaje pintoresco con un formidable sentido del humor y aficionado a los toros quien ilustra en el periódico “Excélsior”, las crónicas de Gonzalo Espinoza “don Verdades” y a decir de uno de sus admiradores; “…los apuntes de este extraordinario artista mostraban movimiento y alegría”.

 Del “Chango” se cuenta una simpática anécdota : dice Efraín que en uno de los viajes que Ernesto García Cabral hizo a París, se levantó temprano y al abrir la ventana, se percató de que el día estaba muy nublado como en  toda la semana y simplemente comentó; “ ha de haber norte en Veracruz”.

En estos años se apodera de la radio y de la popularidad el “Músico Poeta”, el “Flaco de Oro” y mientras Agustín Lara se deja ver en “El Toreo” de la Condesa, en 1932, el talentoso e inquieto David Alfaro Siqueiros ha revolucionado con una técnica nueva la pintura mural.

Ya estamos en 1933, las técnicas de impresión han mejorado lo suficiente, para que las imprentas como la Casa Ortega de Valencia España o la Imprenta Aboitis de México, reproduzcan carteles y boletos policromos de asombrosa belleza. Es la época también en que los pintores como Orozco, Rivera y Siqueiros, asumen una postura política de izquierda y una actitud nacionalista, que imponen en el  círculo que maneja la cultura y deciden desdeñar e incluso atacar cualquier manifestación que tenga que ver con la cultura española.

Ya desaparecieron definitivamente los últimos tranvías de mulillas en nuestra ciudad, los motores y los claxons sustituyen por la noche a los  chirridos de los grillos y a los gritos del “Sereno” pero aún sobrevive el armonioso cilindrero. Como todos los lunes, Alberto París, Alberto “El Chaparro” y Efraín, se toman un cafecito sin azúcar en el Centro Histórico de la Ciudad Capital.

- ¿“Chaparro”, qué te parece la pintura de Siqueiros?. Pregunta Alberto París.

- Que también pinta monotes, como Diego Rivera. Respondió con franqueza al tiempo que se aflojaba el nudo de una de sus muy peculiares corbatas.

- Pero, ¿qué tal el alicantino?. Repuso entusiasmado Efraín, quien al mismo tiempo les señalaba un magnífico cartel pintado por Carlos Ruano Llopis.

Este extraordinario pintor de 55 años, maduro en su arte y en su ser, llega por primera vez a México, alentado por el matador Juan Silveti y se siente tan “a su aire” que regresa en 1934 para quedarse definitivamente en estas tierras y en la cultura de México a pesar de los desaires del grupo en el poder, que lo consideraba reaccionario. Ruano es quizá el pintor más importante que ha tenido la historia de la pintura taurina mexicana, pues aún siendo español, su trayectoria sienta precedente y forma una escuela en la que destacan algunos de los artistas plásticos de este género más trascendentes que hemos tenido. Aunque también, su personalidad es tan fuerte, que sólo unos cuantos logran separarse de su influencia, de su concepto y de las soluciones pictóricas que implanta.

Ruano Llopis, pone su estudio  en la calle de Filomeno Mata y se dedica a realizar una extensa obra, que muy pronto acaparará la atención de todo el mundo taurino. Llegó a nuestro país con  una propuesta clara y novedosa a un terreno prácticamente virgen, cuando la fiesta de los toros aquí comenzaba a ser autosuficiente, estaba en auge la torería y la mejor época de las ganaderías y los festejos históricos estaban comenzando ya, viéndose  los frutos que se sembraron a finales y principios de este siglo en la época de don Rodolfo Gaona, Juan Silveti y Pepe Ortíz con Atenco o San Diego De Los Padres. Su técnica es depuradísima y la experiencia acumulada como cartelista en su país, genera aquí el auge de la pintura taurina, pues no únicamente se dedica a producir óleos de pequeño, mediano y gran formato, dibujos y acuarelas con alarde técnico y estético dignos de museos internacionales, sino que además tuvo el gesto de procurar discípulos con los que compartía sus conocimientos y su taller, creando al mismo tiempo su conocida escuela. Su estilo impresionista, su sello y su calidad,  se despliegan a sus anchas por todo el territorio nacional.

 Los tres amigos comentan la obra del artista español, se abren las puertas del café de los taurinos y por coincidencia en ése momento entra Ruano Llopis, acompañado de un joven que parece maletilla, alto, espigado, de nariz prominente y de nombre Antonio Navarrete. 

Al verlos entrar y como no los conocían en persona, no sabían quienes eran, pero como Navarrete sacó de su carpeta unos dibujos y los extendió en la mesa para comentarlos con su maestro, “El Chaparro”, que era el más curioso de los tres, decidió levantarse de la mesa y caminar hacia la de los pintores para ver los dibujos del novel. Permaneció discretamente de pie junto a ellos y en silencio para no interrumpir el diálogo académico que sostenían, pero cuando vio la oportunidad de satisfacer su curiosidad se hizo presente:

- Buenas noches, discúlpenme la interrupción, me llamo Alberto soy aficionado a los toros y me gusta coleccionar Arte Bravo.

A partir de ese momento, se conocieron, comenzaron a platicar y  se acercaron a la mesa los otros dos amigos, Navarrete que desde entonces y hasta la fecha se ha significado como un magnífico pintor  académico y con personalidad propia, les mostró sus dibujos a tinta, unas acuarelas y entre los tres se decidieron a comprarle algunas obras, hecho que significó el inicio de un hábito de coleccionistas que los iba a meter de lleno en el mundo de la pintura taurina para el resto de sus vidas. Visitaron muchas veces el taller en Filomeno Mata, allí compraron obra de Ramón Espino Barros, que a decir del propio maestro alicantino, sería el continuador de su escuela y parecía ser uno de sus alumnos consentidos, pues amen de su talento y creatividad, poseía buena técnica y una amplia variedad de novedosas soluciones plásticas no vistas en el tema taurino. También conocieron a Eduardo Rangel, al jaliciense Luis Gómez, a Eduardo Segura y a Antonio Ximénez, pintor y escultor quien en sus principios, pintaba con la mano derecha, pero al sufrir una parálisis, su talento y su fuerza de voluntad lo llevaron a pintar con la mano izquierda, llegando a dominar tan bien los pinceles que hasta llegó a competir con Ruano - que tiene una obra más grande en importancia, técnica, calidad y temas - en los espacios para ilustrar boletos y carteles.

 

   
VER TODOS
 
 

 

Derechos Reservados 2012 | DE PURISIMA Y ORO | info@depurisimayoro.com | MÉXICO

 

  Creado por 03integral 2017