Como es costumbre, nuestro gobierno se ha comportado indignamente y la lista de autores de las bibliotecas básicas para las escuelas primarias y secundarias, no incluirá los nombres de algunos escritores imprescindibles en el contexto literario nacional. La inconsciencia no tiene límite y como primera omisión nos encontramos con la de Octavio Paz, el único premio Nobel de Literatura con que cuenta este país. El poeta de los encuentros y los desencuentros, en donde quiera que ahora se encuentre, se estará enterando que se “desencuentra” incluido en la lista. El argumento que dan los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública- dependencia que debería ostentar como logotipo a un gran asno rebuznando en pleno reparo, tirando coces y jineteado por un rapaz escuálido que milagrosamente se sostiene sobre los lomos- el argumento que dan estos tigres de la paidología, es que en la votación Octavio Paz ocupo el tercer lugar, adelantado por Gustavo Adolfo Bécquer y Pablo Neruda, alternantes que son unos verdaderos figurones, pero resulta que el concurso no era por la oreja de oro –término que a los funcionarios les debe encantar, gracias a su afición por las grandes orejas, máxime si son auríferas-sino en la formación de un inventario básico para fomentar la lectura de los pequeños compatriotas que, ante todo, deben aprender a venerar a los grandes autores nacionales.
La lista de los que no están en la lista continúa con Ramón López Velarde, el de la Suave Patria o la Patria Chida para actualizar el título de un poema que bien podría sustituir la letra del Himno Nacional, ese que nos exhorta a aprestarnos a una supuesta guerra, la que sabemos de antemano está perdida cualquiera que esta sea, incluyendo la librada contra la ignorancia.
Carlos Fuentes, alias “El Malaestrella”, también ha sido relegado. Sin embargo, el maestro cosido a cornadas ni se inmuta. La carne de perro, de torero viejo, se acostumbró a los cates que constantemente le propina el marrajo toro de la ingratitud. Cada año “el si esta nominado” al Premio Nobel y cada vez se lo otorgan a otro. Alfonso Reyes, Jaime Sabines y Rosario Castellanos, glorias de las letras mexicanas, tampoco consiguieron colarse al cartel de lujo de la feria.
En el ámbito de la Literatura Universal han quedado fuera de esta Operación Triunfo de la cultura, entre otros, ese valiente soldado castellano llamado don Miguel de Cervantes, que de haber nacido en nuestro México y en nuestro tiempo, habría empezado la novela que nos dio lengua con un: “…en este lugar si se manchan y de la lista no quiero acordarme…”. Por su parte, de Gabriel García Márquez podemos asegurar que el escritor no tiene quien lo inscriba…en la lista de marras.
El caso no es tan crítico, en primera, porque sólo es necesario consultar el catálogo y leer las obras de los que no están incluidos y en segunda, los niños de hoy convertidos en unos jumentos de bandera mañana, encontrando la flauta pueden aspirar a alguna diputación y si corren buenos tiempos, hasta colarse al cartel de triunfadores, o sea, pertenecer a un gabinete brillante como el que actualmente despacha.

 

 

   
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A machetazo limpio


   
Gringa grosera


   
Piedra en el zapato


   
Pedid y se os Negará


   
En nombre del amor


   
Barbie apesta a licor


   
Fumando espero


 

 

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