La ignorancia, uno de los peores enemigos de la fiesta:  Premio Nacional de Artes
 
Los taurinos me han ahuyentado de la plaza, afirma el director Juan José Gurrola
 
* Perversión del espectáculo por parte de las empresas * Inventor de la gurrolina
 
LEONARDO PÁEZ
“Vivíamos en la calle de Acapulco, de donde mis padres y yo nos íbamos a pie al Toreo de la Condesa cada domingo. A esa casa llegaba un personaje de bigote porfiriano: Rosalío Rodríguez, Chalío, alguacilillo de El Toreo. Recuerdo con una fuerza extraordinaria los colores de la plaza, la barrera, el sol, y recuerdo, a los ocho años, la primera despedida de Lorenzo Garza, que se encerró con sanmateos. Desde entonces, no encuentro mayor trascendencia de la memoria universal que en una corrida, donde en un nanosegundo coinciden la vida y la muerte”, evoca Juan José Gurrola (DF, “frente a los cañones de la Ciudadela”, 1935), artista polifacético sin género aborrecido.
     Arquitecto, director de teatro y cine, actor, escenógrafo, dramaturgo, pintor, fotógrafo, maestro, aficionado a los toros y creador de la gurrolina, Juan José, luego de medio siglo de labor creadora, ha sido  galardonado este año con el Premio Nacional de Artes y Ciencias, por unanimidad, “no obstante que no juego con las reglas establecidas; yo no soy Diego (Rivera)”. 
     “Muchos encontramos en la fiesta brava –añade- un espectáculo verdaderamente sensacional, lo que molesta es la perversión de ese espectáculo por parte de empresas, ganaderos, toreros, crítica. Los taurinos me han ahuyentado de los toros. Si en el país se ha agudizado la crisis, la fiesta de toros no puede quedar al margen sino acusar los efectos de esa crisis. Pero ante ésta, vamos a tener que tomar conciencia, en serio, de nuestra problemática y posibilidades.
     -¿Similitudes entre el teatro y la corrida?
     -Son inusitadamente parecidos porque en ambos el artista se juega la vida. En un segundo tiene que decidir que la mente y el corazón le funcionen para convencer al público o al toro, en un segundo se resuelve la incógnita pues torero y actor toman sobre sus hombros la responsabilidad de revelar la interrogante de la vida.
     -¿Has montado alguna obra relacionada con lo taurino?
     -En dos ocasiones he puesto Pasiphae, de Montherlant, donde se habla mucho del erotismo y el heroísmo de Tauro y de la tauromaquia. En la primera puesta había incluso un toro y una vaca reales. Aunque quizá mi mejor puesta tauromáquica haya sido cuando partí plaza en el cortijo La Morena, de Texcoco. Juan Tomás, cronista de espectáculos en el Esto, me dijo: ‘Tú no tengas miedo, el que tiene que tener miedo es el toro’. Fue entonces que inventé el quite de la gurrolina.
     -¿A qué atribuir el desdén de pintores y escritores mexicanos por el tema taurino?
     -Pues a prejuicios, a que quizá los pintores veían en los toros una afición muy local, así como una herencia hispana de la clase dominante. Pero ahí tienes el caso de Gironella, por ejemplo, pintor taurino interesantísimo. Y desde luego yo, que he hecho infinidad de dibujos y tintas sobre el tema. Incluso el Museo Macay, de Mérida, tiene 12 dibujos originales míos de tema taurino, junto a obra de Fernando García Ponce y otros grandes. Son años y años de ver, de saber ver y de mover a ver. En lo literario, Raúl Falcó ha concluido un libro estupendo sobre la mitología griega y la tauromaquia de El Glison, torero excepcional estúpidamente desaprovechado.
     -La modernidad no...
     -Ah, se me olvidaba –salta Gurrola en su silla-; fui amante de la rejoneadora Edith Evans cuando trajo enyesada una pierna, imagínate. Incluso en su cortijo me soltó un novillo y me subió a un caballo que rejoneaba solo, Palomo de nombre, creo. Pero hay de cabalgaduras a cabalgaduras.
     -¿La posmodernidad estorba a la fiesta?
     -El beisbol es visto por 600 millones. José Tomás o El Glison, no. El fenómeno taurino es la incertidumbre, por esencia es impredecible, lo cual choca con el eficientismo de la modernidad. Pero como original juego de arte la tauromaquia no podrá morir. Aunque la ignorancia es uno de los peores enemigos de la fiesta. ¿Dónde reside la emoción? Donde se sienta el miedo del universo. Con la fiesta está perdiendo México uno de sus grandes atractivos culturales y turísticos.
     -¿Y la gurrolina?
     -Es muy original. Parado frente al toro vas reduciendo los vuelos del capote, arrugándolo con ambas manos hasta hacerlo una columna acampanada en su base. Citas y, al tiempo que embarcas a una mano, adelantas la pierna del mismo lado, haces un quiebro y despides al toro. ¡El ángel de la creación vuela a mi lado!

 

   
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